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Filosofía Marismeña
Columnistas — mayo 22, 2017 8:11 PM

Filosofía Marismeña

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COSTUMBRES Y MORAL

Las mestizas tenían prohibido bañarse en las pilas de agua caliente (Actual DIF y Huerta de José Milán). Ellas disfrutaban el irse a bañar al rio, sin embargo su desnudez era pecado (Prohibido bañarse juntos), fue un caso tipo secular. Podemos observar que los baños de agua caliente en la misión de San Ignacio, servían para la socialización de las mujeres de clase distinguida y resultaba indeseable que los otros grupos se introdujeran en los mismos (Mestizas). La diferencia en el baño, es que las indígenas y mestizas se desnudaban por completo. Los de clase social distinguida desfrutaban el baño de aguas termales principalmente como medida de relajación y medicinal, no como lugar de diversión. Jamás dos sexos diferentes podían estar en el mismo lugar por miedo a la promiscuidad y el pecado en ver una parte noble.

En el rio se daba a escondidas todo tipo de socialización sin acato a la autoridad. Intolerable resultaba el saber que un joven de clase distinguida paseara por estos lugares y fisgoneara el baño de las mujeres por el pudor, el pecado, que socavaba la integridad moral en toda su familia (En entredicho su formación moral, la de su familia y hermanas)

Los Jesuitas reconocían las bondades de estos baños pero a su expulsión de México (El 25 de junio de 1767, fiesta del Sagrado Corazón, se notificó que por orden del rey Carlos III, todos los jesuitas quedaban desde ese momento incomunicados y tendrían que salir para España sin más pertenencias que el breviario, la ropa puesta y el dinero que pertenecía a cada uno, quedando encargado de la misión el cura del pueblo. Posteriormente la posesión de la misión, pasaría a sus familiares, se adjudicaría la huerta trasera y, finalmente ser vendida como un inmueble si valor histórico. Los Jesuitas regresaron a México en 1813, la Misión tenía dueño particular, hasta llegar a sus últimos dueños don Gil Osuna y Luis Loaiza Larrañaga.

Cambia radicalmente el giro al quedar la misión en manos del sacerdote del pueblo, da la vuelta por completo a la misión (Termina clausurada y vendida). La socialización cambio de lugar así como el lugar de conversaciones (Chismes, intenciones, posibles galanes, confidencias íntimas), de las muchachas casaderas.

Cuenta una anécdota (1950) que un día se bañaba en el rio el peluquero del pueblo y que cerca se bañaba una mujer enseñándole las piernas mientras se echaba agua con la batea y que el peluquero le hacía señas para que se desnudara y ella no quería hacerlo. Un ciudadano que observaba la escena aquella fue ante el presidente municipal para dar cuenta de la sinvergüenzadas. Ante este testimonio acudieron el presidente municipal y el policía al lugar de los hechos trayendo detenidos a la mujer y al peluquero. A ella la multaron por coqueta y a el por sinvergüenza.

El dijo que era falso, que solo se estaba bañando cuando la dama llego al lugar, por su parte ella argumento que el “Siñor peluquero” llevaba varios días siguiéndola al rio cuando salía a lavar la ropa y que su marido se iba a trabajar, también dijo que el hombre ya se había acercado en otras ocasiones y le decía que le gustaba como cantaba mientras ella se bañaba ¿Quien estaba en lo honesto? Por supuesto que cada uno tenía su culpa. Se supo que ella salía cantando desde su casa cuando marchaba al rio ¿Para ser escuchada? Este hecho, ya no se comenta en el pueblo, se ha olvidado de alguna manera nos da idea de las formas en que acontecía este tipo de relaciones las cuales eran bien vigiladas por la Iglesia, el Pueblo y las autoridades. Solo es cuestión en seguir la lógica de ambos personajes y darnos cuenta que no era su motivo el baño sino encontrase en un lugar en donde no fueran observados con el ardid de la lavada.

Vedado estaba el hecho de que un hombre se olvidara de su condición social. No se aprobaba que persiguiera mujeres de clase social baja para satisfacer sus instintos de varón.- Debía ser exclusivo para cuando se casara (Convenía tener tacto para encontrarse con una mujer en un lugar en donde nadie los observara).

Aventuras de este tipo se daban con frecuencia. Los varones fueron aprendiendo a taparse uno de otro (Cómplices), incluso el alcalde peco, el peluquero y otros honorables ciudadanos, mientras la batea servía de pretexto (Batea era una bandeja de madera). No es que las mestizas fueran débiles de moral sino que la relación sexual la veían desde otro punto de vista sin miedo a Dios o a su desnudez, para ellas era un jugueteo, sin escándalos, ni ofensas, mientras que la Iglesia dictaba lo que era correcto y el desatino moral.

Llego un momento en el que el baño paso a privado (Casa con tiro/noria), cubetazos con jícara, la tina de barro y por último de aluminio. Al varón lo educaban decente, con escrúpulos, ocupados en el trabajo, asistencia a misa los sábados y domingos. La mujer era limpia, privada, decente, honesta, pura. La mestiza permitía el juego de la sexualidad por comida, dinero, mientras que la blanca era recatada, honesta y no exponía su reputación, guiada por el tacto, el consejo, la Iglesia, las conversaciones en su casa.

Los varones mestizos aprovechaban los domingos para beber para olvidarse en ese día de lo pesado de su trabajo como un valor a su felicidad (Descansar), para disipar el coraje en contra del amo al que estaba subordinado. La sociedad se movía entre su mundo ideal y lo artificial de las costumbres rígidas (Morales) al mismo tiempo compartía sentimientos a escondidas y aunque no eran recíprocos, si llenaron de mestizos esta tierra.

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