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Filosofía Marismeña
Columnistas — enero 26, 2017 8:42 PM

Filosofía Marismeña

Publicada por

 NIÑEZ CAMPESINA

 

Nací hace mucho tiempo en un lugar apartado de la Sierra Occidental. Un poblado bañado por un rio, varios arroyos que bajan y  llorando dando vida. Un poblado lleno de vida,  de ecos y silencios escondidos entre nacimiento en vida y muerte prematura. Donde los días se hacen horas y los tiempos pasan sin sentirlo. Vives y lloras tantas veces que no recuerdas cuantas son las lágrimas que se confunden con la lluvia por esa hermosa vida que te gustaría conservar por siempre pero que se escapa sin sentirlo. Un pueblo donde eres libre como el viento, y si decides caminar no importa a donde vayas solo la lluvia envidiará tus pasos. Y, lo hace porque ella al caer, corre para siempre y tú por más ciego que seas sabrás que ese instante hermoso fue fugaz “No siempre”.

 

Agradezco a la vida, al viento a la lluvia, al silencio por no dejarme olvidarlos por darme la oportunidad en admirar sus árboles, en dejarme respirar el aire fresco, en ver lo que mis ojos pueden ver. Admiro lo bello y placentero de la vida cuando veo este paisaje, ese cielo, el viento, la lluvia, mis remotos sueños cuando niño. No soy capaz en mentir, amo lo que vivo y vivo lo que siento;  solo el silencio con sus dudas turbarían el deseo en estar con la hierba entre los dedos. Subes al cerro y deseas tener alas para volar, ir sin rumbo a los lugares que apetezcas,  sin miedos solo con un recuerdo que se quede en el pensamiento.

 

Si, tuviera que narrar una historia de amor la comenzaría en este paraíso, en una tarde lluviosa caminando por la calle con las gotas sobre el rostro, siempre caminando lentamente, sin prisa, notando todo a mi paso. Caminar en la lluvia, escuchar el estruendo de los rayos, la melodía de los que aman esta vida, su naturaleza, el ritmo, los sapos, grillos, el sabor del agua fresca, el estruendo que sale entre las nubes con mi miedo, temores onvitan a que corra con el viento.

 

Más en este instante no tengo historia que contar, así que empezare por esta caminata.- Los rayos y la lluvia continua fuera de mi casa y se me ocurre escribir: A la lluvia y al rayo.- Saben que juntos son el amor a la vida misma, que logran sacar sonrisas a la naturaleza, que son un beso sobre el rostro, que la gente busca verlos juntos por siempre, que encajan perfectos el uno en el otro.- Son existencia y presencia, beso y miedo, tiempo y renovación de vida y aunque nos quitan el aliento son bienvenidos por ser verso, sueño, miedo. Luego se van y la falta en ruido los delata. Son libres, llegan y se van cuando menos los esperan, son la historia del tiempo y sus estaciones. Si dejaran en venir serian extrañados por la muerte, su ausencia presagia muerte, si llegan traen gusto, felicidad, amor, vida.

 

En mis primeros pasos les temía, me ponían nervioso, estaba al pendiente de mi madre para refugiarme bajo sus brazos, ella me abrazaba hasta estrujarme,  ese era mi mundo, corría en la calle, me paraba bajo los chorros de agua que bajaban de las tejas, me bañaba en los arroyos que pasaban por la calle “Dejaba me arrastraran”.- No, tenia pavor, no sufría, estaba listo en disfrutarlos. Y, aunque la fuerza de un niño es poca, no me cansaban, aprendí a nadar, a tener seguridad en hacerlo. Recuerdo en las noches de mayor rayería me acurrucaba bajo los brazos de mi madre mientras sus manos acariciaban el pelo de mi cabeza. Me quedaba dormido y soñaba, luego despertaba para inventar historias con los sueños.

 

Los niños siempre lloramos, bailamos, jugamos, sonreímos, inventamos hasta que el sueño se apodera de nosotros desde el ratón que se lleva nuestro diente, el santa Claus que trae juguetes (Regalos). Jugamos a las escondidas, cantamos sin inhibirnos a pecho abierto. Amamos el cielo, el sol, la luna el agua y el viento.- Todo.- Hasta nuestros miedos. Cantamos alegre, triste, confundidos sin rumbo y con fe. Tenemos miedo a dormir solos y despertar en medio de la noche, terminamos por llorar sin saber exactamente los porqués cuando nos sentimos vacios incompletos o solos.

 

Cuando escribo mis anécdotas o recuerdos, una parte de mi se burla, la otra me grita que estoy sufriendo y escribo eso que ciento, lo que empezó y no ha terminado o que jamás estuvo presente y lo revive nuestra mente, lo olvidado o guardado, lo pasado estando presente, la huella imborrable que sigue plena, tan libre en la mente en amores fallidos o infancia plena.- Todo está “Allí” bailando sin engaños, quedando en la mente cuando escribo como si estuviera tatuado en las yemas de mis dedos.

 

Voy a dejar en escribir esta historia porque siento frio y no quiero olvidar este momento, este instante en que me sentí libre, tranquilo. Es la historia que viví cuando niño y la redacte ya estando viejo.  Mi madre decía que nací casi nadando en el rio y esa descripción siempre me gusto, lo ilógico de la misma seria que lo dijera porque me orinaba en la cama cuando dormía, imagínense como un pez en medio de la noche llenado mi propia piscina mientras dormía.

 

Jugaba como los demás niños, me llenaba de tierra, me bañaban a fuerza y aunque el rio era mi favorito siempre me daba tiempo para nadar hasta que el sol se ocultaba, ya con la luna podía darme el lujo de hacerlo en la cama. Dentro del agua me sentía feliz. Y así pasaron los años, nadando, jugando, riendo, llorando, viviendo.

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