Taxis tradicionales: “Es posible competir contra Uber”

Culiacán,Sin.-Con 40 años de taxista, Valentín Ramírez Salazar, sostiene que sí es posible competir con éxito a las plataformas como Uber y otras, perotambién exigió a las autoridades que a éstas les apliquen la ley como a los taxistas tradicionales.

Con muchas experiencias a cuestas, ahora dirige la Unión de Auténticos y Revolucionarios Trabajadores del Municipio de Culiacán, S.C., curiosamente la misma que hace 39 años le abrió la puerta a la “ruleteada” al rentarle un permiso para trabajar como taxista.

BUENA PRESENTACIÓN Y TARIFAS COMPETITIVAS, LA CLAVE

Con toda la experiencia que tiene tras el volante, y la confianza ganada de muchos clientes, Valentín considera que sí es posible hacerle frente a la desventajosa y desleal competencia de las plataformas.

“Yo compito contra Uber. Para hacerlo, todo taxista debe tener una excelente presentación personal. Si se tiene barba, que se la arreglen, que no utilicen cachuchas. Tengo tres años metiéndole conciencia a la gente del gremio.

“Los carros deben estar muy limpios y con buen olor. No importa que sea un auto viejo”.

Eso en cuanto a presentación, pero aclara que también en tarifas se tiene que competir.

“Es necesario colocar calcas con las tarifas impresas, para que la gente las vea, pues tiene miedo de agarrar un carro porque por cuatro cuadras le cobran entre 60 y 70 pesos. Las tarifas que aparezcan en la calca deben ser de 30 y 40 pesos de banderazo por una distancia no tan larga, y eso seguramente le dará confianza a los pasajeros, pues así tienen la certeza de que no se les va a cobrar mucho. Si después de la distancia marcada hay que ir más lejos, entonces se cobran10 pesos por cada kilómetro adicional

“Son tarifas que sí dejan ganancias, mínimas si se quiere, pero permiten competir”, sostiene.

Lo malo, dice, es que quienes prestan el servicio público de transporte a través de las plataformas no traen ni seguro ni pagan lo que sí pagan los taxistas tradicionales

Adicionalmente a ello, considera que el buen trato a los clientes es fundamental. Recuerda que hace poco llevó a dos señoras del crucero de Obregón y Zapata a la colonia popular. Les cobró 50 pesos. Era casi de madrugada y además se esperó a que sus clientas entraran a su vivienda.

“Las autoridades –agrega– ya se dieron cuenta de que los taxistas tradicionales ya no aguantan, que si no arreglan sus carros es porque no tienen dinero, y no tienen dinero por falta de trabajo debido a la competencia de todas las plataformas.

“Ciertamente Dios nos da para todos, pero que no haya competencia desleal”, concluye.

TODA UNA VIDA DETRÁS DEL VOLANTE

Por todos los años que ha chofereado, la mayor parte compartiendo esta actividad con su trabajo como chofer en distintas áreas del Gobierno del Estado, recuerda con precisión que fue en 1979 cuando subió a un taxi, un Valiant del año, aunque lo hizo más con el afán de ayudar a su hermano Juan para pagar un choque.

Cuatro años antes había ingresado a la Escuela Normal Superior a trabajar como chofer, de ahí se movió a la Secretaría de Educación Pública y Cultura para seguir desempeñando la misma función, tenía sueldo y buenas prestaciones.

Sin embargo, en uno de los cambios de gobierno, entró un nuevo equipo de trabajo a la SEPyC y Valentín fue puesto a disposición, lo que le implicó perder todas las prestaciones y recibir sólo el sueldo nominal.

Ante esa circunstancia, retomó con más bríos el oficio de taxista. Ya tenía un Falcon modelo 69, y fue cuando decidió rentar un permiso para trabajarlo, que fue el número 10,900 y de renta pagaba la entonces nada despreciable cantidad de 100 pesos mensuales. Eran los tiempos en que con 50 pesos se podía llenar el carrito en el supermercado.

UN ASALTO CON GOLPES Y AMENAZAS DE MUERTE

“Me iba al Cine Diana (Hoy Modular Inés Arredondo) y trabajaba hasta las 11:00 de la noche. Tenía que hacer algo más porque el sueldo que me dejaron era nada más el sueldo nominal.

“En ese entonces había trabajo. Ahora no. Yo salía de mi casa a ruletear en cuanto oscurecía, luego de descansar un rato por la tarde. Llegué a tener muchos clientes.

“Una característica que debe tener todo taxista, dijo, es la discreción. Conduciendo un taxi se ven tantas cosas. Los clientes le cuentan a uno cosas íntimas, lo que convierte a uno en un confesor. Por eso hay que ser discreto y no contar esas confesiones íntimas. Y yo me decía: yo no voy a perder la confianza que depositaron en mí”.

Al año de estar rentando el permiso, le salió la oportunidad de comprar un permiso y lo hizo. Pagó casi 900 mil pesos. Los ahorros y los aguinaldos de él y de su esposa Rosy se fueron en esa compra.

“Ese permiso ahora lo puedo vender hasta en 500 mil pesos, por estar en el Seguro Social del Humaya. Es un buen sitio. Quienes no están en buen sitio, no valen ni 30 mil pesos”.

En su vida de taxista recuerda un asalto. Ordinariamente iba por dos empleadas del cine Diana y las llevaba al sector de la Caseta Cuatro. De ahí pasaba a un restaurante enfrente de la Novena Zona Militar, recogía a dos meseros y los llevaba a la Lázaro Cárdenas. Se desocupaba poco después de las once de la noche.

Un día, las empleadas del cine Diana salieron tarde, y para cuando llegó al restaurante ya estaba cerrado, Sin embargo, vio dos tipos vestidos como de meseros y pensó que eran sus clientes. Cometió el error de llegar por ellos. Eran dos asaltantes que le pidieron los llevara a la Lázaro Cárdenas, pero en realidad le ordenaron que se fuera de paso y en un lote baldío lo golpearon, lo insultaron, lo amarraron de pies y manos y lo aventaron.

“Se llevaron mi taxi, pero éste tenía un arreglo mecánico para que al tratar de meterle segunda se entrampara, y eso es lo que pasó. El carro apareció abandonado en Las Quintas, y duré como ocho días en recuperarlo en tanto se hacían los peritajes correspondientes.

No obstante ello, Valentín sostiene que lo que más claro le queda es que el servicio de taxi es un trabajo muy noble. “Porque si no tienes un cinco en tu bolsa, sales y al rato regresas con algo para comer.

Cualquier persona con un carro blanco con que le ponga una franja tinta ya se puede ir a trabajar de taxista y eso es desleal para nosotros