La imprenta de Ecliserio

Culiacán, sin. Durante más de 40 años, Don Ecliserio Montoya ha diseñado invitaciones, tarjetas de presentación, notas de remisión, facturas y recordatorios funerarios. Pero en estos días la tecnología ha condenado su oficio al olvido.

Tiene su negocio en la colonia 5 de Mayo de Culiacán. Trabaja con una de las imprentas más longevas. El aroma a tinta, thiner y el sonido de las máquinas emerge del local.

Don Ecliserio es feliz imprimiendo volantes, dedicado a la imprenta. Sin embargo, también se le nota triste por el poco trabajo que tiene.

A Ecliserio Montoya se le ha vuelto costumbre salir de su negocio y sentarse sobre la banqueta a la espera de que alguien lo encuentre y le pida un trabajo. Si antes tenía bastante, hace más de 10 años que la tecnología ha venido ganándole la carrera, comiéndole el oficio y las ganancias.

“Sí, fue un negocio familiar que nos dio para todo. Bendito Dios le di estudios a mis seis hijos, a mis nietos, pero ahora que todos se casaron, solamente quedamos la mujer y yo. Si antes recibíamos 20 trabajos a la semana, ahora solamente son dos, pero Dios nos pone pruebas y sabe que esto es y será mi oficio número uno: la imprenta, y me mantendrá vivo”, dice.

No quiso adentrarse a la tecnología… ¿Por qué?

No, porque es un procedimiento de mucho entretenimiento: Checar las máquinas, las placas, las tintas, los tornillos, los molletes, tantas cosas interesantes que se han perdido pero que en lo personal eso me da fuerzas; aparte de mi edad, ya tengo poca vista, menos fuerza. Ni teléfono celular tengo, mucho menos esas cosas que a los jóvenes, a la mayoría, les está perjudicando visualmente.

Las riendas que lleva Don Ecliserio en este negocio son bastantes. Dice que Dios no quita, al contrario, pone. Por ello, sus pocos clientes lo hacen sentir de lo mejor, pero el apoyo siempre lo tiene de sus hijos y nietos que están al pendiente de él y su esposa de nombre Rosa.

“Año con año la sociedad sigue siendo conquistada por la tecnología. Creo que en dos años más ya no existirá ninguna imprenta, excepto la de los medios impresos de comunicación, o ni ellos”, comenta.

Añade que poco a poco se va perdiendo todo. Recalca que antes hacían tarjetas navideñas para regalar a las familias, ahora no, solamente “eliges cuál en tu teléfono o computadora y la mandas”.

El funcionamiento de Correos en el Centro no existe, abunda Ecliserio Montoya, o si existe, raro el que lo utiliza. Fueron tiempos bonitos, que jamás los cambiaré por nada”.

¿Recuerda su primera máquina de imprenta?

Sí cómo no. Fue una máquina marca Multilith que en su momento salió para equiparme de más maquinaria y ser una de las imprentas, como muchas, muy solicitadas. La tuve en mi taller en el Centro, que se llamaba Voces del Humaya.

¿Tiene alguna anécdota de su trabajo que jamás se le olvida?

Sí. Una vez me encargaron un trabajo de imprimir facturas, de un negocio de comida. En el logo tenía que ir un gallo en vez de eso puse un huajolote. El cliente se percató y me dijo que le dejara así, claro, le bajé el costo del trabajo. Así tantas cosas que la verdad, me pongo a recordar y me sacan una sonrisa.

Don Ecliserio hace una pausa, cruza los brazos y hace una confesión: “Nunca pensé que me iba a dedicar a este oficio de la imprenta, porque antes de esto, era pintor. Llegué un día a pintar una imprenta de un amigo, fue ahí cuando me nació querer aprender, desde ahí empecé.

Recuerdo que esto me dijo: “Ecliserio, aprende este oficio para que ganes dinero. Yo te enseñaré y sé que de esto te mantienes”.

Y sí, de eso salió para todo.

Dice que lo más bonito era formar las letras. Se sentaba en un banco de madera y un componedor (aparato para acomodar las letras), el cual tuvo mucha facilidad en aprender. Señala tener buena ortografía gracias al trabajo aprendido, porque solamente estudió hasta cuarto de primaria.

Entonces… ¿Cuándo se detuvo la imprenta?

Creo que hace más de 10 años, porque una imprenta la componían más de 10 personas, ante todo jóvenes con ganas de aprender; se les enseñaba el oficio, el cual empezaban a hacer invitaciones, tarjetas de presentación, notas de remisión, recordatorios, muchas cosas más. Con el paso del tiempo, ellos pusieron su imprenta, pero hoy en día ya no la tienen, han cerrado por el escaso trabajo.

El negocio de Don Ecliserio atraviesa una crisis. Podría cerrar en cualquier momento. La causa: su oficio se extingue.

“Sin duda, la computadora nos está desbancando. Nosotros lo que tratamos es de conservar la tradición, pero por lo que veo no. Yo seguiré hasta el final, bueno, hasta que muera”.

Comenta que hace más de 30 años percibía buen dinero diario. Hoy no, pero sigue conservando algunos clientes de antaño, porque muchos de ellos ya murieron.

Y él sigue contando con el apoyo de su esposa. El impresor asegura que ella ha sido su muy importante en días buenos y malos, en especial cuando “el hambre nos ha pegado”.

Don Ecliserio recibe apoyo económico de la tercera edad que brinda el Gobierno del Sinaloa, mismo que destina a los gastos del hogar y deudas.

“Yo soy de los antigüitos. Soy de los que no se renuevan y se quedan igual. Mi oficio me gustó y aquí estoy todavía… A ver hasta cuándo”, dice al tiempo que sonríe y bromea con que quizás aprenda a manejar la computadora.

Pero no quiere acabar más triste, como muchos impresores de Culiacán, que tuvieron que vender sus máquinas como fierro viejo.

Ya para finalizar, Don Ecliserio invita a los jóvenes a que utilicen para bien las redes sociales, que aprendan y que de vez en cuando, busquen qué tan importante era la imprenta en México hace más de 20 años.
MARTÍN TAMAYO/OEM-INFORMEX