DON HERBERTO SINAGAWA MONTOYA

“Caballero de la cultura”

Luis H. Peña Inzunza

Angostura adquiere su mayoría de edad un 30 de noviembre de 1916.

La municipalización y emancipación del Municipio hermano de Mocorito se anticipa a la vigencia del artículo 115 de la Constitución de 1917.

Angostura “franja angosta de terreno” poseedora de un gran potencial agrícola, pesquero, cultural e histórico, paridora de hombres de estatura universal, como nuestro gran amigo, ejemplo, guía y quizás uno de los últimos valores de la intelectualidad sinaloense Don Herberto Sinagawa Montoya.

La desafortunada noticia llegó lastimando nuestro corazón; cincelando una marca más por la ausencia irreparable de un afecto que trascendió al amor familiar y que en momentos de sombras, dolor y adversidad, nos entregó generosidad, sabiduría, amoroso consejo y protección paternal.

La familia Peña Inzunza asume este duelo con alegría, canto, oración, hermosos recuerdos, agradecimiento y en constante homenaje al periodista, historiador, investigador, cronista, ser humano excepcional, insuperable Padre de familia y, sin lugar a duda, estereotipo para el Nuevo Hombre Sinaloense.
Don Herberto ha sido un Gran Lord amante de la disciplina de Cervantes.
Un hombre a la altura de su tiempo.

Mostró carácter, inteligencia y definió su brecha de vida apegado al valor en extinción de la honestidad.
Formó parte de una Gran Generación del Pensamiento Sinaloense junto a Alejandro Hernández Tyler, Enrique “El Guacho” Félix, Dr. Enrique Peña Gutiérrez, Francisco Gil Leyva, Antonio Nakayama, Carlos Manuel Aguirre, Roberto Hernández, Manuel “Tata” Jiménez y otros bardos que farola en mano brindaron luz en la construcción del Sinaloa con valores y principios de buen vivir que resiste ante los embates de la ilegalidad.

88 años de fértil vida cultural y cívica.

Dedicó con amor, entusiasmo y vocación su tiempo a escudriñar en los polvosos anaqueles de archivos, museos, baúles, tumbas, libros y profundidades del océano de la historia, para dejar un legado escrito y plasmar su huella en los reducidos callejones del mérito y reconocimiento que hoy le brinda Sinaloa, México y el mundo.

Nuestra generación y las que habrán de venir, tenemos un gran ejemplo y referente en la vida de este hombre sin par, que hoy viaja a su origen en calidad de embajador del pueblo de México, llevando en su mochila el manifiesto “Sentimientos de la Nación” (corregido y aumentado) dirigido al Señor Dios, a fin de aportar elementos para la correcta decisión sobre la marcha y destino de nuestra querida República, que vive momentos de encrucijada.

Despedimos un Gran Valor Sinaloense; hombre ejemplar; maestro, ciudadano del mundo y miembro distinguido en su calidad de Presidente Honorario de nuestra prestigiada Fundación Cultural Dr. Enrique Peña Gutiérrez, que una vez más, viste las bandas del luto, en tanto Don Herberto es cobijado por el manto protector de algodones multicolores, prosa, canto y aplausos a su llegada al reino prometido y hábitat de su generación que lo recibe con especial alegría y fiesta… ¡ hasta pronto Maestro!


SU LEGADO

Don Herberto Sinagawa Montoya, además de ser un prolífico periodista e historiador, fue un incansable promotor de la cultura.
Fue coordinador del Consejo Ciudadano para el Desarrollo de la Cultura en el municipio de Culiacán en 2003 e investigador de la Crónica de Culiacán de 2003 a 2007.

Es autor de una extensa obra que abarca la investigación histórica, el periodismo y la literatura, en la que destacan los siguientes libros: Sinaloa, Historia y Destino (1986); Sinaloa, Agricultura y Desarrollo (1987); Angostura, Magia y Esplendor (2002); Échame a mi la culpa (2002), biografía de José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”; Música de viento (2002); En el siglo de Guamúchil (2007), biografía de Buenaventura Casal y Pedro Infante; Agustín de Valdez, con el beisbol en la sangre (2008), y las novelas El derrumbe del infierno (1991) y Fácil de arder (1988).

Entre 2011 y 2012 escribió la novela histórica Lugar de Muertos, donde narra el traslado en pleno verano del cadáver del general Álvaro Obregón, presidente electo de México, desde la ciudad de México hasta Huatabampo, Sonora, en 1928.