¿Estoy enfermo de Internet? Trastornos de la era digital

TECNO

No hay quien dude de las innumerables ventajas de Internet y su conectividad, del universo de posibilidades que llevamos en el bolsillo. Sin embargo, también de eso nos enfermamos. Los padecimientos que han surgido a causa del Internet cada día nos agobian más y el síndrome de ciber-dependencia inicia justamente al no aceptar que se padecen.

El malestar esencial se siente cuando se pasa de la perplejidad que producen las pantallitas a la sensación de estar clavados, necesitados, hipnotizados, entregados, dependientes y minimizados. La revisión permanente e inútil del celular de forma compulsiva equivale al Síndrome de la vibración o Llamada fantasma. Consiste en sentir que el teléfono está vibrando o sonando, pero no es real, es una pura manifestación de estrés posmoderno.

Este síndrome de llamada o mensaje imaginarios puede convertirse en un trastorno psicológico. Quienes lo han estudiado explican que el cerebro asocia al celular tras cualquier impulso recibido. Una especie de paranoia, como también lo es la nomofobia, esa angustia desesperada por conectar el celular cuando se le está acabando la batería, que ya es considerada una enfermedad real por Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM).

La palabra –inventada en Reino Unido- viene de “No mobile fobia” y también se refiere a cuando el aparato se queda en casa y sentimos que vamos por la vida sin un brazo. Y si se apaga el móvil, aparece el síndrome de abstinencia y hasta ataques de pánico, sensación comparada con la que sucede a los drogadictos. Dicen los estudios que es más padecida por hombres que por mujeres.

Cuando no estás cerca
Investigaciones confirman que más de la mitad de los usuarios sienten un malestar enorme cuando no tienen su aparato o se les queda sin pila. Según el doctor David Greenfield, de la Universidad de Connecticut, ese apego severo al teléfono tiene que ver con un desajuste de niveles de dopamina, ese neurotransmisor cerebral que regula las recompensas en la materia gris.

La ciencia explica cómo no es mera necesidad, puesto que cada vez que llega un mensaje o notificación se elevan los niveles de dopamina. El asunto llega a tal punto que, como rebelan cifras de Psychology Today, dos de cada tres personas en Estados Unidos duermen con el teléfono junto a la almohada y 34% ha confesado revisar su aparato cuando está teniendo relaciones sexuales.

Cuando el apego a una consola de videojuegos genera que al despegarse de ella se sienta que todo da vueltas, el trastorno mental se llama cibermareo. Se trata de instantes de confusión visual y de pensamiento. Esta dolencia surge principalmente después de pasar grandes cantidades de tiempo frente a pantallas dobles, animaciones en dispositivos 2.0 y realidad aumentada.

Otra enfermedad digital muy extendida es el denominado phubbing, que consiste en la manía de estar a todas horas revisando cualquier aplicación del teléfono. Es la derivación de las palabras en inglés phone y snub (ignorar al otro), al final una especie de desprecio al contacto humano. Hay quienes la llaman la enfermedad de la intolerancia y el irrespeto.

La cibercondria, por su parte, la sufren quienes le preguntan siempre –y obsesivamente- al buscador sobre sus síntomas, dolores y padecimientos de salud. Internet se convierte en médico, termina dando los diagnósticos, y receta tratamientos y medicinas. Esta credibilidad en la Red puede desembocar en que se gesten enfermedades fantasma.

Ni hablar de la depresión de Facebook, un trastorno común que consiste en establecer los parámetros de vida en comparación con lo que los demás publican en su red social. Siempre los otros se verán más felices, más bellos y más exitosos. Investigadores de la Universidad de Pittsburgh estudiaron los efectos del uso de las redes en el estado de ánimo de los usuarios y concluyeron que cuanto más tiempo se dedique a los medios sociales, es mayor la probabilidad de sufrir de depresión.

Los selfie-adictos son otros pacientes de la era digital. Se trata de la compulsión y obsesión por sacarse autorretratos o fotos a cada instante y exponerlos en las redes sociales, incluso antes de vivir en carne propia los momentos. Cuando las fotos no se logran, algunos experimentan síndrome de abstinencia, parecido al que atraviesan los adictos a la heroína.

Aunque no propiamente enfermedad, el “efecto google” es otra manera en que la tecnología está mermando las capacidades cerebrales. Es ese fenómeno en que el cerebro entra en una zona de confort y se niega a recordar información, puesto que puede acceder a ella en cualquier momento mediante Internet. Así, poco a poco, la mente se va haciendo perezosa por cuenta de esa “gran memoria colectiva externa”.
(PRODIGY)